![]() |
| YA PUEDES ADQUIRIR EL Nº 7 EN TU QUIOSCO Y TAMBIEN EN INTERNET |
![]() |
| Anabel Moreno Directora |
| Religiones patrocinadas |
| «La religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio». (Voltaire) |
| No quiero entrar en asuntos de intimidades éticas o de creencias religiosas. La fe, como la paella, es una cuestión de gustos. A unos le gustan la de marisco, a otros la de pollo, otros prefieren el arroz un poco caldoso y a otros sencillamente les estriñe. La supuesta individualidad del hombre hace posible precisamente que no haya dos paellas iguales, pero su egocentrismo hace también que padres, primos y suegros se sientan en posesión de la verdad, crean que la paella auténtica es la que a ellos les gusta y sean capaces de organizar un auténtico cisma familiar en el chiringuito de la playa. En la Jerusalén del mítico Templo de Salomón –sobre el que encontrarás un reportaje este mes en la revista– y en el mundo hay tres paellas: la judía, la cristiana y la islámica, y para cada uno de sus adeptos la suya es la auténtica. Es lo suficientemente auténtica como para que en su nombre se perpetren los más terroríficos crímenes. No hay nada mejor que poner a Dios de abanderado para justificar en cada época y en cada lugar del mundo las inquisiciones, los expolios, las expulsiones, las represiones, las guerras santas, las intifadas, los atentados terroristas, las inmolaciones... La religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio, dijo Voltaire. Pero yo creo que no hay religiones mal entendidas, hay religiones mal explicadas y sobre todo hay religiones patrocinadas que insisten en mantener el retrógado comportamiento de su profeta fundador o las directrices de sus anacrónicas Escrituras, huérfanas de todo significado actual, porque les reportan un interés claro. Yo creo que existen Estados patrocinadores que fomentan y utilizan el delirio religioso para ocupar territorios o para desocuparlos, para controlar las fuentes energéticas del mundo, para invertir el orden social, para despreciar los Estados de Derecho y los derechos de los Estados, para cohartar libertades y para pisar dignidades. Dicen que todas las religiones son iguales. No lo sé. Tengo la sensación de que cada vez hay más diferencias entre ellas, y si tengo que elegir entre una religión que prohibe el preservativo, pero no te mata si lo usas, incluso te perdona, y una religión que utiliza a niños con síndrome de Down como cebos-bomba, me quedo con los del preservativo. De lo malo, lo mejor, y a mi me gusta más la paella de marisco, aunque no sea por cuestiones de fe, sino de sentido común. |
| La Historia según se escriba |
| «La Historia no es mecánica porque los hombres son libres para transformarla». (Ernesto Sábato) |
| Ni siquiera las matemáticas son una ciencia exacta. Lo son cuando consiguen demostrar un teorema de forma irrefutable o cuando su formulación puede explicar la esencia numérica de una parte del Universo. Cómo pensar entonces que la Historia es una ciencia exacta. La Historia como objeto de estudio es una aproximación a la realidad, es un análisis subjetivo de los hechos y, sobre todo, es un ejercicio interpretativo cargado de mayor o menor intencionalidad y tendenciosidad por parte de quien la escribe. La Historia no es mecánica porque los hombres son libres para escribirla, transformarla u ocultarla. Por eso, cuando oigo decir a algunos de esos eruditos de bolsillo que asuntos como la extraña desaparición de la flota templaria o como las incógnitas que salpican la biografía de Colón o, como tratamos en este número, la posibilidad de que existiera el rey Arturo más allá de la leyenda no forman parte de la llamada «Historia seria» me quedo un poco perpleja. Después de ver cómo en cada Comunidad Autónoma de nuestro país los libros de texto oficiales cuentan la Historia de España de forma diferente; después de leer versiones radicalmente opuestas de hechos históricos que supuestamente no tienen ninguna duda, como los motivos que llevaron a la humanidad a las dos guerras mundiales, otorgo la misma confianza a los estudiosos que afirman la realidad histórica del rey Arturo como a los que han convertido al Che Guevara, por ejemplo, en un personaje de culto, emblema de la justicia y la rebelión contra el abuso del poder, y viceversa. Vivimos en un permanente auto de fe. Creemos lo que nos dicen, lo que leemos en los libros, lo que cuentan los sistemas educativos, y casi nunca caemos en la cuenta de que la Historia es según se escribe, según quien la escriba y, en más casos de los que creemos, se convierte en un instrumento de manipulación de la realidad. Por eso hemos iniciado este mes en Da Vinci una nueva sección en la que se aportará el reverso de la historia oficial, sin dar más crédito a una versión que a otra. Esta sección demostrará que no hay una Historia enigmática y una Historia seria, sino que la Historia es en si mísma un verdadero enigma. |
| La Gioconda es fea |
| «No hay mujer fea que no encuentre algún adorador, a menos que sea monstruosa». Leonardo Da Vinci |
| llego a entender si el maestro está halagando al género femenino en general o subyace en este pensamiento la idea de que cuando el hombre «busca hembra» le vale cualquier cosa o simplemente se conforma con la fea, sabedor de que no puede alcanzar a la bella. No sé si el señor Giocondo consideró a Lisa una mujer bella. Mi pragmatismo me lleva a pensar que a un hombre de 35 años, viudo por dos veces y con un hijo le interesaba más la juventud de su tercera esposa que su belleza o simplemente encontrar a alguien que no pensara de que era un gafe rematado. Pero aunque considerara que su nueva mujer era, además de joven, guapa, no creo que creyera que estaba compartiendo lecho con un icono estético que perduraría en los siglos venideros. Pido perdón a los estetas, a los intelectuales y artistas que desde el siglo XIX sienten adoración por la mujer del retrato más famoso del mundo, y la adornaron con misterios sobre la realidad de su identidad, sobre la intención de su autor o sobre el motivo de una extraña sonrisa, pero tengo que decir que a mi La Gioconda no me parece guapa, y aquí es donde creo que radica el verdadero enigma de Mona Lisa. Ya sé que los cánones de belleza cambian con las épocas y que los chicos del XIX podían tener otros conceptos sobre el ideal femenino, pero es que Leonardo pintó rostros de mujer mucho más bellos, o por lo menos con una belleza más atemporal, como La Dama del Armiño, o Ginevra Benci, o Leda y el Cisne o La Virgen del Huso..., y sin embargo es La Gioconda quien se lleva todos los honores. Que «la suerte de la fea la guapa la desea», como dice el sabio refranero, puede tener su sentido en este caso, como en tantos otros. Pero hay algo más que suerte. En mi opinión fue decisorio que un grupo de influyentes intelectuales pro-renacentistas del siglo XIX, que necesitaban una expresión artística a la que venerar, decidieran que La Gioconda era la representación de la máxima belleza para que el mundo lo aceptara como tal. El secreto del éxito de La Mona Lisa estriba en un incipiente pero magnífico marketing, como el que hizo Pedro Almodóvar con Rosi de Palma cuando convenció a todo el mundo, incluídos los grandes diseñadores de moda, de que era una belleza cúbica. El cuadro es hermoso, como todo lo que salió de la mano de DaVinci, pero como dice Oscar Wilde, «se vuelve mucho más maravilloso de lo que en realidad es, y nos revela un secreto del que, en realidad, no sabe nada». Yo creo que La Gioconda era fea y que la genial personalidad de Leonardo la hizo bella. |
| He visto un OVNI |
| «¿Es que no vas a venir a cenar nunca? Deja de mirar al cielo como una boba y date prisa, que ya estamos todos sentados a la mesa» (Mi madre) |
| Era una de esas típicas cenas de sábado en la que se reúnen padres y hermanos emancipados, para que la vida no engulla el espíritu familiar. Yo salí un rato a la terraza –como hago todas las noches– y al subir mi mirada al cielo vi cinco luces elípticas en movimiento, que me dejaron paralizada. Durante media hora estuve intentando comprender lo que veía. Las cinco luces parecían seguir un código fijo a modo de llamada o ¿de saludo? Nadie más estaba asomado a las ventanas, sólo yo era la protagonista de un avistamiento ovni, sólo yo sabía de la presencia de una inteligencia extraterrestre que estaba intentando decirme algo. De pronto desaparecieron y yo acudí a la mesa, pero no pude cenar y tampoco dije nada. Después salimos a tomar una copa por la zona de Atocha de Madrid y vi a un montón de gente mirando hacia el cielo. Ahí estaban de nuevo. Me acerco a la multitud y pregunto qué es lo que pasa. Un chico con atuendo de alguna tribu urbana me dice: – «¿a que mola el láser?» – «¿El láser?» – «Sí, el láser de la discoteca. Hoy es la fiesta de inauguración del garito». Mi avistamiento frustrado fue el verano de 1995, cuando se difundió en los medios de comunicación de todo el mundo la filmación en la que se podía observar la autopsia a un ser extraterrestre, presuntamente accidentado en el aterrizaje de una nave espacial, en la localidad estadounidense de Roswell, en 1947. Después resultó que todo fue un montaje de los servicios secretos estadounidenses, para tapar una operación militar en plena guerra fría. Pero durante un tiempo el mundo lo creyó... y lo creyó porque salió en la televisión. Durante media hora yo vi un ovni, porque así lo creí y porque, posiblemente, estaba mediatizada por las últimas noticias sobre presencia extraterrestre en la Tierra. No me di cuenta en ese momento de que estamos teledirigidos, de que los poderes fácticos son los que deciden lo que tenemos que pensar o lo que tenemos que creer, y no me di cuenta de que para ello utilizan el arma de conductismo masivo más sofisticado de la historia: los medios de comunicación en todas sus vertientes, prensa, radio, televisión y ahora internet. Que llegan los extraterrestres, que hay armas de destrucción masiva en Iraq, que el hombre llegó a la luna, que Al Qaeda está detrás del 11-M, que Elvis sigue vivo... Pues será verdad si lo dice Matías Prats o Lorenzo Milá o Iñaki Gabilondo. No analizamos, no cuestionamos, no contrastamos, simplemente creemos lo que queremos creer, lo que nos produce menos daño, lo que nos hace soñar o lo que nos puede favorecer. Algún día nos cruzaremos con algún extraterrestre de verdad –porque sinceramente mi humildad me lleva a pensar que no estamos solos en el universo–, pero esperaremos al telediario de las tres para que nos digan lo que hemos visto, porque hasta que no lo diga la televisión, nada es realidad. |
| Nunca le cobró la Magdalena |
| «Dueña de un corazón tan cinco estrellas que hasta el hijo de un dios, una vez que la vio, se fue con ella. Y nunca le cobró la Magdalena» (Joaquín Sabina) |
| Qué fácil es descalificar a una mujer. Basta decir que es puta para que quede condenada al ostracismo durante dos mil años. Da igual que la Magdalena fuera la «discípula» más aventajada de Jesús, la que siempre le escuchó sin reproches, sin traicionarle, sin negarle tres veces para salvar su santo pellejo. Da igual que fuera la que estuvo a pie de cruz sufriendo la agonía del dios hombre –más hombre que dios para el dolor–; da igual que fuera la primera en ver al Cristo resucitado, porque era la única «discípula» que le lloraba en su tumba, y da igual que fuera la elegida para dar a conocer a doce discípulos muertos de miedo la Buena Nueva de la Resurrección. Da igual que fuera la que nunca perdió la esperanza, ni la que no necesitó meter la mano en el costado del resucitado para reconocerle. Aquí lo que verdaderamente importa es que la Magdalena era puta, o al menos lo fue hasta la rectificación de la Iglesia en el Concilio Vaticano II. ¿Es que merecen menos respeto como ser humano las que trabajan con su vagina, que los que lo hacen con sus manos? ¿Es que tienen más credibilidad los clientes de las «magdalenas», que las que les proporcionan placer a cambio del sustento? ¿Es que no todos nos prostituimos alguna vez en nuestros trabajos, en nuestra vida familiar o en nuestro entorno de amigos para poder sobrevivir? A mi me da igual que María Magdalena fuera puta, lo que me importa es que fuera «dueña de un corazón tan cinco estrellas que hasta el hijo de un dios, una vez que la vio, se fue con ella. Y que nunca le cobró la Magdalena». |
| La caza de brujas continúa |
| «A la mujer le dijo: Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Con dolor parirás a tus hijos; tu deseo te arrastrará hacia tu marido, que te dominará» (Génesis 3-16) |
| Cerca de 50.000 mujeres fueron perseguidas y ajusticiadas durante los siglos XIII y XVIII acusadas de brujería. Y aunque ésta es una de las más terribles formas de dominar a un colectivo, lo cierto es que la mujer padece, desde que fuera condenada por el mismo Dios a «parir con dolor», otras formas de anulación no menos dolorosas desde un punto de vista físico, moral y existencial. La persecución y el ajusticiamiento de la mujer continúa en países donde se permite y fomenta la ablación del clítoris; donde la jurisprudencia incluye la lapidación por adulterio, aunque el adulterio haya sido producto de una violación; donde la religión obliga a la mujer a cubrir su rostro, o ser tratada como ser impuro los días de su menstruación, o a ser utilizada como mera máquina reproductora. La persecución y ajusticiamiento continúa en la violencia doméstica, en la discriminación laboral, en la comercialización de su sexualidad, en la sobrecarga de responsabilidades. La persecución y ajusticiamiento continúa, incluso, en la discriminación positiva que algunos gobiernos utilizan en beneficio propio, inventándose cuotas de género que lo único que consiguen es que la mujer siga siendo un ser dependiente y no una inteligencia autónoma. Me temo que la caza de brujas no ha terminado, y si no entiendo por qué empezó, aún comprendo menos por qué continúa. |
| El primer vuelo |
| «Tomará el gran pájaro el primer vuelo sobre el flanco de su magno Céfero, llenando de asombro el universo, llenando con su fama todas las escrituras y dando gloria eterna al nido en que nació». Leonardo Da Vinci |
| En la parte interior de la cubierta del Códice sobre el Vuelo de las Aves aparece este texto de Leonardo, en el que se deja llevar por la fantasía de ver su maravillosa máquina alejarse sobrevolando el monte Ceceri, cerca de Florencia. Debió imaginar el asombro de la gente cuando viesen que se había realizado uno de los más antiguos deseos del hombre: volar como un pájaro. Con esta misma ilusión hemos hecho este primer número de la revista , nuestro «primer vuelo» hacia el mundo de lo desconocido, de los enigmas de la historia, de las antiguas leyendas, de la magia de las civilizaciones desaparecidas, de los secretos que esconden las religiones, de las conspiraciones que han cambiado el curso de la vida, de lo que ocultan los manuscritos olvidados, de las verdades y mentiras sobre los grandes descubrimientos de la humanidad y de todo aquello que tenga que ver con el misterio desde un punto de vista histórico, místico, esotérico y mágico. No buscamos «llenar con su fama todas las escrituras» ni «gloria eterna al nido en que nació». Sólo pretendemos que la revista Da Vinci sea para nuestros lectores la «máquina voladora» que les lleve al apasionante mundo de los enigmas de la historia. |
![]() |